Diseñada para cuatro personas, cuenta con dos habitaciones con baño y vestidor (una con tina), sala, comedor, cocina, alberca central, terrazas y patios. Los materiales locales como ladrillo y tierras pigmentadas refuerzan el estilo marroquí, complementado con piezas africanas, lavabos de cobre y puertas antiguas mexicanas. La vegetación mezcla palmas oaxaqueñas y cactáceas, evocando el cruce entre playa y desierto.
Construida en solo siete meses, la casa superó las expectativas del cliente pese a los desafíos del terreno y la escasez de mano de obra especializada. Su impacto urbano es notable: ha motivado la renovación de proyectos vecinos e impulsado nuevas construcciones.